Gusanos, saltamontes, grillos y hasta doscientas especies de insectos hacen las delicias de miles de paladares tailandeses y de eventuales turistas. Antiguamente, los campesinos en el norte y noroeste de Tailandia los consumían como un complemento alimenticio por su alto contenido nutritivo.
En los últimos años se ha vuelto muy popular en Bangkok, adonde fueron introducidos por las familias que emigraban del medio rural. Los insectos son perfectos como aperitivo para acompañar con una cerveza o un vaso de whisky, aunque también hay gente que los come con arroz.
Preparados a la parrilla adquieren una textura crujiente y ahumada tambien se pueden ingerir salpimentados, en el norte del país algunos restaurantes elaboran verdaderos menús con platos como larvas fritas condimentadas con hierbas, pinchitos de escorpión acuático y escarabajos fluorescentes a la barbacoa.
La cada vez más extendida degustación de invertebrados ha llevado a algunos empresarios a enlatar estos pequeños manjares, que los tailandeses toman como si se tratase de frutos secos mientras andan por la calle o en casa.
No es raro encontrar a gente que considera la ingesta de "bichos" como un hábito exclusivo de aves y reptiles, pero los científicos coinciden en señalar los beneficios para la dieta humana de la entomofagia, como se conoce al consumo de insectos y artrópodos.
Un saltamontes contiene un 20 por ciento de proteínas, el filete de ternera un 27 por ciento y la oruga puede alcanzar hasta el 80 por ciento.
Algunos de estos invertebrados también aportan vitaminas, minerales, así como niveles de grasa más equilibrados que otro tipo de alimentos como el cerdo.
Además, los insectos producen proteínas a un ritmo muy superior a otros animales, veinte veces más que la vaca, con un consumo de agua mucho menor.
El mayor peligro de comer insectos consiste en que contengan insecticidas por las fumigaciones de los campos, por lo que es recomendable que estén bien lavados.
La entomofagia se practica en gran parte de Asia y África, y llega a considerarse alta cocina en países como México, Colombia y Costa Rica, así como algunas excepciones europeas como Italia, donde el queso casu marzu se deja fermentar con larvas vivas de insectos.
En la antigüedad, los griegos y los romanos degustaban con delectación una gran variedad de insectos, como cigarras y orugas.
Sin embargo, la mayor parte de los europeos en el presente no osarían llevarse a la boca un saltamontes o una termita a la brasa, aunque la langosta, al fin y al cabo un artrópodo al igual que la araña y se considera un manjar.